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Si crees en CristoDios, aférrate fielmente a tu fe. Si eres de alguna Iglesia, siempre opta por tu doctrina, tu fe y tu ley. Si no crees en nada, siempre ten las palabras: verdad, coherencia y respeto para vivir en este mundo.

Yo consagrado no quiero ni pienso meterme en política, pues son poderes de este mundo, y yo sirvo  a una Ley que es perfecta, no como la ley de los Hombres, que  está creada para ser manipulada y corromper a los débiles de pensamientos: Personas que siendo creyentes, aprueban leyes de “pena de muerte”, el aborto, etc., dejan que la rabia y el resentimiento sean caldo de cultivo para la violencia, y no perdonan nunca a la gente, como también a quienes dejan pasar como algo normal el asesinato de gente inocente.

Mi opción siempre ha sido y será por la vida. Pero no con la visión de la carne, sino que la conciencia profunda que hace despertar al verdadero ser que vive dentro de cada uno. Es el espíritu de cada persona lo que hace que todo sea hecho en perfecta transparencia y pulcritud. Es el espíritu quien da la opción perfecta y correcta en el momento justo. Es el fuego que nos hace respirar, que nos hace ser justos ante la acción en cada momento.

Y por todo esto yo he optado. Y por lo mismo realmente espero que todo partido político de este mundo, que esté al mando de un país, sepa gobernar  sabia y equilibradamente a su pueblo, respetando siempre la calidad moral de quienes están bajo su mando. Y todos sabemos que desde un principio ese era el “norte” de los partidos políticos. Pero pareciese ser que con el tiempo se les olvida esto tan fundamental en su tiempo de poder.

Es por esto mismo que yo no opto por política, pues un buen gobernante, el único color que tiene es el blanco transparente y luminoso de la sabiduría del Reino, que siempre actúa naturalmente en el sentido de su espíritu y nunca actúa para sí mismo.

Quien sabe cuántas atrocidades se estén cometiendo en este momento. Pienso que muy alejado se está de la verdad del Reino, pues siempre se ha sabido que los poderes los otorga el pueblo y es para el pueblo y no para figurar por poder, pues es ahí cuando el ego desmesurado empieza a “echar raíces” en las personas y crecen las disputas, y termina volviéndose todo en un torbellino.

Entonces: ¿No es más justo que el Reino perfecto de Dios gobierne en la vida del Hombre antes que el ser humano controle su propio destino según su ego, creando sus propios caminos que han sido moldeados para propio beneficio y que, muchas veces, van en distinto sentido que el Reino de Dios?

Por eso la única fidelidad válida e imperecedera, es la que Cristo juzgue al momento del fin de nuestra vida carnal, será aquella puesta en pos de lo Superior y Divino… ¡Ser fieles a Cristo!, y si no tienen a Cristo, ¡Ser fieles a la verdad, la coherencia y el respeto!, más quien tiene a Cristo tiene la verdadera vida.

 

Hno. Sebastián Alvarado.

Consagrado en Cristo.
 

    Sebastián Alvarado

    Consagrado bajo Sacramento