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Mientras muchos de nosotros ignoramos la Verdad que nos vive, el espíritu nos demuestra la lealtad y fidelidad de mantenerse a nuestro lado, para enseñarnos lo abismante de Sabiduría que de él proviene. Tan cercano y perfecto es este encuentro, que somos gratamente recompensados por su presencia en nosotros, quedándonos a veces al borde de lo que no queremos ver y que el espíritu sí nos muestra y enseña. Es a él que debemos escuchar y cuidar, porque es quien permanece a nuestro lado, permanentemente unido a nosotros. Nada podremos buscar fuera, porque todo está en nosotros desde antes de venir a este mundo y pertenecerle por completo a él. No debemos planear nada, sino que simplemente dejar que el suave viento que nos hace sentir paz, nos lleve por lugares certeros y mansos, para no equivocar este viaje tan placentero que nos otorga su estadía.   




 Pero muchas veces nuestras ideas quedan acéfalas de luz, porque no le damos la Verdad que de él proviene y que se hace necesaria para que fluyan. La mente y el Alma toman gobierno de estas ideas y proyecciones y ahí permitimos que una nube se pose en nosotros y no nos deje ver más allá, impidiéndonos fluir con naturalidad, dejando nosotros mismos que este obstáculo sea siempre el que coarte esta manifestación tan necesaria en el ser humano.  


Pero siempre hay una pregunta que todos deben hacerse, y esta es: ¿Cómo disipar las nubes? Y la respuesta aparece más cercana y certera que cualquier otra idea que pueda nacer, pues abriendo y limpiando el cielo azul, y aclarando las ideas que se han quedado obsoletas y sin vida, dándole un impulso nuevo y renovador, para que no se queden quietas y sin movimiento para avanzar, es como las nubes naturalmente se alejan de nuestra mirada.   




 Entonces, ¿Quien disipará las nubes? ¿Nosotros con la mente y nuestro entendimiento? ...¡No! Será el suave movimiento que nos entregará el espíritu para correr la nube que no nos deja ver, rompiendo todo el orden que nuestra mente o Alma quieren imponer. Pues es el Espíritu quien disipa cualquier nubarrón, por más oscuro y denso que se pose en nuestro camino, para ver y pensar naturalmente… como Dios ve y piensa.   




Y claro, somos muchas veces nosotros mismos quienes limitamos esta libertad que se nos ha otorgado, tergiversándola o manipulándola a nuestro antojo. Nosotros somos quienes muchas veces carecemos de libertad natural por querer poseer todo y controlar todo a nuestro antojo, y sin darnos cuenta estamos encarcelados y sin libertad necesaria para expresar lo que en nuestro interior nos vive. Y no nos hemos dado cuenta que hemos tomado de rehén al espíritu, no dejándolo expresarse, e intimidándolo muchas veces con nuestras intenciones que terminan por ahogarlo.

Es misterioso, pero cuando más necesario se hace vivirlo o escucharlo, sin asfixiarlo, viene a nosotros sin ninguna intención más que la de aliviarnos y liberarnos de nuestras propias cadenas. ¿Y qué hace el hombre?... lo siente, lo percibe, le agrada por el momento, pero fácilmente lo desecha, porque en su visión esto no es más que una ilusión que lo alivia, pues, al parecer, no es más que un “empujón” de Dios para poder seguir viviendo en nuestra aparente tranquilidad. Entonces seguimos caminando por el mundo con nuestras ideas y concepciones que pueden ser loables y verdaderas. Debemos tomar conciencia que debemos a nuestro Espíritu Amor, respeto y reconocimiento… o quizás conocimiento, de conocerle, de distinguirlo cuando se manifiesta y de obedecerlo cuando nos induce, y además de cumplir con este gran acto de Amor, por la porción de Dios en nuestro Ser, estamos cumpliendo con la Ley de JesúsCristo, en un mandamiento entregado al Hombre para su elevación y trascendencia:



Primer libro de la ley 
Libro de los Mandamientos   

Segundo Mandamiento 
“Entrega al espíritu”   

(1) Amarás y reconocerás a Tu espíritu: Ser vivo que es eterno desde antes que el cuerpo y será eterno después del cuerpo; (2) conocedor de La Sabiduría del Dios, creado en la Raíz de lo Creado, receptáculo del Santo Espíritu de Dios; (3) obedecerás las Inducciones del Espíritu que os habita, y será el ‘Ti Mismo’, ‘el Sí Mismo’ y el ‘Yo’ que amarás por ser de Dios; (4) y no amarás más a tus deseos Carnales o a tus pensamientos mundanos, sino al Espíritu que Mora en el cuerpo”.    

Hna. Yasna Marmuth. 
Consagrada en Cristo  
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    Yasna Marmuth

    Sacerdote Presbítero bajo Ablución